“El reto ya no es la tecnología: es saber convertirla en ventaja”
con Inmaculada Blázquez, presidenta del Observatorio de Industria y Tecnología
- En un contexto marcado por la inteligencia artificial, la incertidumbre geopolítica y la transición energética, ¿qué decisiones deberían estar tomando hoy los directivos para que sus empresas sigan siendo competitivas dentro de cinco años?
Yo destacaría tres. La primera, ordenar el dato: sin información fiable y accesible, cualquier proyecto de inteligencia artificial se queda en piloto. La segunda, decidir la estrategia energética con horizonte de década y no de contrato anual. Y la tercera y más importante, las personas, las personas, las personas… invertir en las capacidades de la plantilla al mismo ritmo que en tecnología.
- Muchas organizaciones hablan de innovación, pero pocas consiguen convertirla en una ventaja competitiva real. ¿Qué diferencia a las empresas que lideran el cambio de aquellas que simplemente reaccionan a él?
La diferencia rara vez está en la tecnología; está en la gobernanza. Las empresas que lideran han incorporado la innovación al gobierno de la compañía: presupuesto estable, responsables identificados, métricas claras y un mecanismo para escalar lo que funciona y cerrar lo que no. Las que reaccionan acumulan pilotos que nunca llegan a producción. Pesa también la continuidad: el gasto en I+D en España alcanzó en 2025 el 1,52% del PIB, está todavía lejos del objetivo del 2,12% previsto para 2027, y ese diferencial refleja sobre todo una falta de sostenimiento en el tiempo. Innovar es una disciplina de gestión diaria antes que un acto de inspiración.
- La inteligencia artificial promete aumentar la productividad, pero también genera inquietud sobre el empleo y las competencias. ¿Cómo cree que debería gestionarse este equilibrio para que la tecnología sea un motor de progreso y no de desigualdad?
Con transparencia y con formación anticipada.
Conviene informar pronto a la plantilla (de nuevo las personas), formar antes de desplegar y no después, y prestar atención a los perfiles intermedios, que son los más expuestos. El riesgo de desigualdad no vendrá tanto de la tecnología como del acceso desigual a la formación.
- Si tuviera que identificar una oportunidad que la industria española aún no está aprovechando suficientemente, ¿cuál sería y qué habría que hacer para convertirla en una ventaja competitiva?
La combinación de energía renovable abundante y demanda industrial. España cerró 2025 con el 56,6% de su generación eléctrica de origen renovable con cerca del 69% de la potencia instalada renovable; sin embargo, la industria manufacturera aporta el 11,8% del valor añadido, casi cuatro puntos por debajo de la media de la UE-27. Tenemos el recurso, pero no lo hemos traducido del todo en actividad industrial. Para conseguirlo hacen falta señales de precio estables y previsibles a largo plazo, agilidad en los permisos y en el acceso a la red, y capacidad de almacenamiento. Es una ventaja estructural, adoptémoslo como tal.
- ¿Cuál es la señal de cambio más importante que está viendo hoy y que muchas empresas todavía no están interpretando correctamente?
La velocidad con la que la inteligencia artificial ha pasado de experimento a herramienta ordinaria. En un solo año, la proporción de empresas europeas que la utilizan ha subido del 13,5% al 20%. Y hay una segunda señal, menos comentada: el 78% de las empresas tecnológicas españolas declara dificultades para cubrir sus vacantes, y las carencias más citadas se refieren precisamente a competencias de inteligencia artificial. El cuello de botella se está desplazando de la tecnología a las personas (de nuevo, las personas) y ahí las soluciones son más lentas.